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"11, IV. Jardín de niños", Desde entonces, José Emilio Pacheco

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José Emilio Pacheco (1939) S i nada sobra, nada falta: hay comida, tienes techo, ropa limpia, cuadernos de dibujo, libros, juguetes. Por un azar incomprensible te tocó en suerte nacer del otro lado de la muralla, en los márgenes. Pero de cualquier modo no te moja la lluvia no sufres hambre, cuando te enfermas hay un médico; eres querido y te esperaron en el mundo. Son muchos los privilegios que te cercan y das por descontados. Sería imposible pensar que otros no los tienen. Y un día te sale al paso la miseria. La observas y no puedes creer que existan niños sin pan, sin ropa, sin cuadernos, sin padre. Te vuelves y preguntas por qué hay pobres. Descubres que está mal hecho el mundo.

"Obra maestra", Ramón López Velarde

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Ramón López Velarde (1888- 1921) E l tigre medirá un metro. Su jaula tendrá algo más de un metro cuadrado. La fiera no se da punto de reposo. Judío errante sobre sí mismo, describe el signo del infinito con tan maquinal fatalidad que su cola, a fuerza de golpear contra los barrotes, sangra de un solo sitio. El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad. No retrocede ni avanza. Para avanzar, necesita ser padre. Y la paternidad asusta porque sus responsabilidades son eternas. Con un hijo, yo perdería la paz para siempre. No es que yo quiera dirimir esta cuestión con orgullos o necias pretensiones. ¿Quién enmendará la plana de la fecundidad? Al tomar el lápiz me ha hecho temblar el riesgo del sacrilegio, por más que mis conclusiones se derivan, precisamente, de lo que en mí pueda haber de clemencia, de justicia, de vocación al ideal y hasta de cobardía. Espero que mi humildad no sea ficticia, como no lo es mi miedo al dar a la vida un so...

"Testamento", Silvio Rodrígez

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Como la muerte anda en secreto, y no se sabe qué mañana, Silvio Rodríguez (1946)              http://www.youtube.com/watch?v=KtQwQak6f20 yo voy a hacer mi testamento, a repartir lo que me falta, pues lo que tuve ya está hecho, ya está abrigado, ya está en casa. Yo voy a hacer mi testamento para cerrar cuentas soñadas. Le debo una canción a la sonrisa, a la sonrisa de manantial, ésa que salta: le debo una canción a toda prisa para que quede que estuvo cerca, agazapada. Le debo una canción a lo que supe, a lo que supe y no pudo ser más que silencio: le debo una canción, una que ocupe, la cantidad de mordazamor de un juramento. Les debo una canción a los pecados, a los pecados que no gasté, los que no pude: les debo una canción, no como hermano, sólo de sal que el delectador también alude. Le debo una canción a la mentira, a la mentira pequeña, frágil, casi salva: le debo una canción endurecida, ...

"Poema interrumpido", de Salvador Novo

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Soy un viajero en el tiempo: Tardé en llegar a este momento 32 años.  Aún ahora al escribir, estoy haciendo una cosa diferente. Me dije: tengo que escribir un hondo poema y he de expresar en él todo el dolor que sufro ante la evidencia de que envejezco. He de mojarlo en estas lágrimas de los ojos que ven sin esperanza que la vida da bellos frutos y van luego al espejo a contemplar una falsa sonrisa y un cuerpo torpe y sin gracia. Estos ojos que aprisionan unos cristales que se fatigan enjaulados en las líneas de los libros. Esta boca amarga de humo y de mentira que se marchita sola, sedienta. Estas manos que cogen lápices, que estrechan otras pobres manos, que anudan mi corbata y aseguran mi encierro. Un poco de oro cuesta la juventud el mañana a costa del hoyel hoy a costa del ayer la bendición a costa del beso los saludos a costa de la dicha.

"Renuncia ontológica", de Óscar de la Borbolla

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N unca me he sentido orgulloso ni plenamente identificado con la especie animal a la que pertenezco, por lo que ahora, ya harto, renuncio a la posición erecta que sólo ha permitido al hombre destacarse, enseñoreado y victorioso, sobre un montón de cadáveres; renuncio a la facultad racional que sirve para el cálculo y la estrategia de la guerra, y renuncio a la pretendidamente sublime cultura de los hombres: milenios de civilización no nos cambiaron: seguimos siendo los mismos caínes de costumbre, aunque hoy en vez de quijadas usemos misiles. Desde ahora, como no puedo volar andaré a cuatro patas, como no puedo impedir que mi razón siga relacionando hilaré, en protesta, únicamente sueño. Soy el primer ejemplar de una nueva especie ontológica de desertores. Tomado de Filosofía para inconformes . Óscar de la Borbolla es escritor, poeta,  ensayista y profesor de la UNAM.

¡Mi país, oh mi país! (fragmento), de Efraín Huerta

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[...] B uenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz… todo el país amortajado, todo, todo el país envilecido, todo eso, hermanos míos, ¿no vale mil millones de dólares en préstamo? ¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI! ¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President! Gracias, honorables banqueros, honestos industriales, generosos monopolistas, dulces especuladores; gracias, laboriosos latifundistas, mil veces gracias, gloriosos vendepatrias, gracias, gente de orden. Demos gracias a todos y rompamos con un coro solemne de gracia y gratitud el silencio espectral que todo lo mancilla. ¡Oh país mexicano, país mío y de nadie! Pobre país de pobres. Pobre país de ricos. ¡Siempre más y más pobres! ¡Siempre menos, es cierto, pero siempre más ricos! Amoroso, anhelado, miserable, opulento, país que no contesta, país de duelo. Un niño que interroga parece un niño muerto. Luego la madre pregunta por su hijo y la respuesta es un mandato de aprehensión. En los periódicos vemos ...

"Amor es amar", de Alí Chumacero

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L legas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía sino un duro sabor de lenta consunción y un saberse dolor desamparado, casi ceniza de tinieblas; llega tu voz a destrozar la noche y asciendes por mi cuerpo como el cálido pulso hacia el latir postrero de quien a solas sabe que un abismo de duelo lo sostiene. Nada había sin ti, ni un sueño transformado en vida, ni la certeza que nos precipita hasta el total saberse consumido; sólo un pavor entre mi noche levantando su voz de precipicio; era una sombra que se destrozaba, incierta en húmedas tinieblas y engañosas palabras destruidas, trocadas en blasfemias que a los ojos ni luz ni sombra daban: era el temor a ser sólo una lágrima. Mas el mundo renace al encontrarte, y la luz es de nuevo ascendiendo hacia el aire la tersa calidez de sus alientos lentamente erigidos; brotan de fuerza y cólera y de un aroma suave como espuma, tal un leve recuerdo que de pronto se hiciera un muro de dureza o manantial de so...

Presencia, Rosario Castellanos.

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Miguel Ángel Granados Chapa (1941- 2011) Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba. Esto que uní alrededor de un ansia, de un dolor, de un recuerdo, desertará buscando el agua, la hoja, la espora original y aun lo inerte y la piedra. Este nudo que fui (inextricable de cólera, traiciones, esperanzas, vislumbres repentinos, abandonos, hambres, gritos de miedo y desamparo y alegría fulgiendo en las tinieblas y palabras y amor y amor y amores) lo cortarán los años. Nadie verá la destrucción. Ninguno recogerá la página inconclusa. Entre el puñado de actos dispersos, aventados al azar, no habrá uno al que pongan aparte como a perla preciosa. Y sin embargo, hermano, amante, hijo, amigo, antepasado, no hay soledad, no hay muerte aunque yo olvide y aunque yo me acabe. Hombre, donde tú estás, donde tú vives permaneceremos todos.

Biblioterapia

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Biblioterapia Hace unos años, unas pocas semanas antes de Navidad, me dijeron que debía operarme de urgencia. Sin darme tiempo a hacer la maleta, me encontré en un cuarto adusto y aséptico, ansioso y sin libros. Pasar unos diez días convaleciente en el hospital sin nada que leer me pareció un castigo al límite de lo soportable, y cuando mi compañero me propuso traerme de casa algunos volúmenes, acepté agradecido. ¿Pero cuáles elegir? El autor de Eclesiastés nos enseña que para todas las cosas "hay sazón" y que todo tiene su tiempo determinado; igualmente, sabemos que cada ocasión tiene su libro. Pero no todo libro, por supuesto, conviene a cualquier momento de nuestra vida. Compadezco al pobre lector que se halle con el libro equivocado en un percance difícil, como le ocurrió al pobre Amundsen, descubridor del Polo Sur, cuyo bolso de libros se hundió en los hielos y se vio obligado a leer, noche tras helada noche, el único volumen que pudo rescatar, u...

Return ticket (fragmento, parte 2), Salvador Novo

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[...]  El Maui es precisamente el barco que el doctor Puig me dijo que nos convendría tomar. Se encuentran ya en él mis cajas de libros. Los quiero como si fueran hijos míos y lo son, en cierto sentido, pues los tuve en mis manos, uno por uno, desde que no eran sino una informe masa de manuscritos y fotografías cuyo tamaño yo marqué, y luego fui extrayendo sus erratas, esos actos fallidos del linotipo, al margen de las yacentes galeras, y vigilé luego su fraccionamiento en planas y autoricé con un sumario tírese que era como la firma de una sentencia ese concurso de natación de las hojas de papel en las prensas. Y una vez alzados los pliegos a los que unía por el dorso la escala descendente del medianil, busqué el papel tapiz para guardas y tapas y seleccioné la tela del lomo y la tinta del canto superior. Ya los pobres obreros se resignaron a someter a la mía su clásica idea de lo tipográfico. Ya han arrinconado sus elegantes hierros complicados, sus garnituras y s...

Return ticket (fragmento), Salvador Novo

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T engo veintitrés años y no conozco el mar. He pasado toda mi vida en tres o cuatro ciudades sin importancia, llevado y traído por mis padres hasta que él, a quien no vi morir, me dejó aquí, en México, en donde yo debí estudiar para médico. Hay después en mi existencia la nada interesante laguna del esfuerzo propio íntimo, inseguro. [...] Confieso que tengo más libros que tiempo que dedicar a su lectura, por rápidamente que lea. Pero acaso algún día... y además ¿qué otra cosa podría hacer? Los ejemplares numerados, las ediciones agotadoas, las encuadernaciones cotosas, son para mí un angustioso placer, más duradero que los juegos de azar, a los que no sé por qué les comparo, más agoísta, más perfecto. Ya sé que se trata de un derivación, de una sublimación; pero no me hacen cambiar razones, como la botánica no modifica los bosques. En las crisis de mi coleccionismo ¡con qué placer he localizado las erratas de un librote orgulloso, cómo los he llenado de notas, relacio...

Fragmento de una carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio, 26 de mayo de 1947

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Ahí tienes que había una vez un muchacho más loco, que toda la vida se la había pasado sueñe que sueñe. Y sus sueños eran, como todos los sueños, puras cosas imaginarias. Primero soñó en que se encontraba de pronto con la bolsa llena de dinero y que compraba todos los dulces de todos los sabores que había en todas las tiendas del mundo. Así era de rico. Después soñó en tener una bicicleta y unos patines y una buena bola de canicas. Más tarde, soñó en ser chofer o maquinista de un tren para recorrer lugares. Y se pasaba las tardes tirado de barriga en el suelo, soñando en las cosas interesantes que habría más allá de los cerros que tenía enfrente. En el pueblo de él había unos cerros muy altos. Y a veces soñaba ser un zopilote y volar, muy suavemente como vuelan los zopilotes hasta dejar atrás aquel pueblo donde no sucedía nunca nada interesante. Una vez vinieron los Reyes Magos y le trajeron un libro lleno de monitos donde se contaban historias de piratas que recorría...

Casi puedo creerle

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“Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota -alargado como una gota- y yo lo creo porque me siento como una gruta en que perpetuamente cae, se regenera y cae perpetuamente.” “Otra Carta”, Jaime Sabines Un médico me ha dicho que tengo el cuerpo tieso de verdad; y puedo creerlo porque nunca cultivé el ejercicio ni la disciplina de alimentarlo, mucho menos el esmero de procurarle paz y descanso y tantas y tantas rutinas sagradas que   lo procuren de salud; cuerpo sin nido en el mundo para un descanso; sin cama para la siesta nocturna en que se deja de pensar para hacer el amor o para acariciarlo o contemplarlo desnudo frente a otro similar, pero atractivo por opuesto; cuerpo de nadie, sin dueño, sin fortuna ni fronteras que lo contengan para darle forma. Cuerpo sin definición. Incompleto por un lado. Un psicólogo me ha dicho que tengo el alma de estanque; llena de quién sabe cuánta agua de quién sabe cuánto tiempo de quién sabe cuántas edades; estanque con f...

Miguel Ángel Granados Chapa

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Miguel Ángel es un periodista indispensable desde hace cuarenta años y una figura mayor de nuestra letra impresa. Su bien ganada fama lo ha hecho pieza de caza para aduladores profesionales. Tiene buenos amigos en el ámbito de la política, pero son más, mucho más, los hombres públicos que lo cortejan con la pretensión, siempre vana, de no ser sometidos a su implacable crítica. Algunos de ellos, dispuestos a conquistar su favor, no han escatimado recursos que, dicho sea de paso, no son suyos, si no de los contribuyentes, y en cada ocasión se han topado con el muro ético que sin solemnidades se ha construido Granos Chapa. Cuando se padece la necesidad, la rectitud es una prenda apreciable. Pero en medio de precariedades materiales como las que por épocas ha padecido Miguel Ángel, la honradez, como en su caso, es un ejemplo de comportamiento, especialmente porque la practica sin aspavientos. Cuando estábamos en uno más uno , Miguel Ángel vivía en un modesto departamento e...

El Duque Job (22 de diciembre de 1859 - 3 de febrero de 1895)

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Manuel Demetrio Francisco de Paula de la Santísima Trinidad Guadalupe Ignacio Antonio Miguel Joaquín Gutiérrez Nájera El sábado 3 de febrero, Carlos Díaz Duffo subió las escaleras adornadas con azaleas de su casa en la calle de Sepulcros de Santo Domingo. En una esquina de su cámada, la señora Nájera, la madre de Manuel, arreglaba la bujía que iluminaba el cuarto. Las hemorragias habían empezado. Sentado en la cama, pálido, le dijo a Díaz Duffo: –Voy de salida, Carlos. -Alíviate, Manuel, te estamos esperando. Más tarde Luis G. Urbina hizo el mismo recorrido por la casa. El Duque hablaba con dificultad. Cuando Urbina entró a la cámara lo encontró improvisando un discurso sobre los periodistas que debía presentar como nuevo presidente de la Prensa Asociada. A las tres de la tarde llegó Amado Nervo. Subió las mismas escaleras floreadas y acompañó al muerto toda la tarde. Toda la prensa, sin excepción, dedicó sus primeras páginas a Gutiérrez Nájera. Llovieron obitua...