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Oración sobre la nieve, Jorge Suárez

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NOTA: El texto que hoy publico es de la autoría de mi gran amigo y maestro Jorge Abenamar Suárez, quien gentilmente me ha autorizado para hacerlo. Comparto gustoso con ustedes sus letras, y externo mi deseo porque pronto su salud mejore. Jorge Abenamar Suárez Arana De entre la sábana blanquísima de la nieve surgen brotes color carne pálida y un trocito de luz, reflejo débil de un rayo de sol. Pero no, la foto en primera plana del periódico no es de nieve: son sudarios de inmaculada blancura, como nieve, y los brotes son 17 caras de niños que no parecen dormir, parecen, y están, muertos. De un lado, un padre pone la mano derecha sobre una de las caritas, con una última caricia que no será respondida, y del otro lado, una espalda de vestiduras grises transida de dolor y una pañoleta en la cabeza, con la mano izquierda acomoda suavemente el último pliegue de la sábana, arropando al niño para un sueño sin despertar.  Damasco o Iraq, bombas químicas o ta...

"El sistema /1", Eduardo Galeano

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  Los funcionarios no funcionan. Los políticos hablan pero no dicen. Los votantes votan pero no eligen. Lo medios de información desinforman. Los centros de enseñanza enseñan a ignorar. Los jueces condenan a las víctimas. Los militares están en guerra contra sus compatriotas. Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos. Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan. Es más libre el dinero que la gente. La gente está al servicio de las cosas.

"Oración de un desocupado", Juan Gelman

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Juan Gelman (1930) Padre, desde los cielos bájate, he olvidado las oraciones que me enseñó la abuela, pobrecita, ella reposa ahora, no tiene que lavar, limpiar, no tiene que preocuparse andando el día por la ropa, no tiene que velar la noche, pena y pena, rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente. Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces, que me muero de hambre en esta esquina, que no sé de qué sirve haber nacido, que me miro las manos rechazadas, que no hay trabajo, no hay, bájate un poco, contempla esto que soy, este zapato roto, esta angustia, este estómago vacío, esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre cavándome la carne, este dormir así, bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido te digo que no entiendo, Padre, bájate, tócame el alma, mírame el corazón,! yo no robé, no asesiné, fui niño y en cambio me golpean y golpean, te digo que no entiendo, Padre, bájate, si estás, que busco resignación en mí y no tengo y ...

"No sé quién es", Amado Nervo

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                                                                                             En el 142 aniversario del nacimiento de Amado Nervo Amado Nervo (1870- 1919) ¿ Quién es? -No sé: a veces cruza por mi senda, como el hada del ensueño: siempre sola... siempre muda... siempre pálida... ¿Su nombre? No lo conozco. ¿De dónde viene? ¿Do marcha? ¡Lo ignoro! Nos encontramos, me mira un momento y pasa: ¡Siempre sola...! ¡Siempre triste...! ¡Siempre muda...! ¡Siempre pálida! Mujer: ha mucho que llevo tu imagen de...

"Instrucciones para el arquitecto"

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N uestro malentendido es de carácter conceptual. Usted ha hecho ese bonito diseño de mi casa y de mi biblioteca partiendo del supuesto —muy extendido, por desgracia— de que en un hogar lo importante son las personas en vez de los objetos. No lo critico por hacer suyo este criterio, indispensable para un hombre de su profesión que no se resigne a prescindir de los clientes. Pero, mi concepción de mi futuro hogar es la opuesta. A saber: en ese pequeño espacio construido que llamaré mi mundo y que gobernarán mis caprichos, la primera prioridad la tendrán mis libros, cuadros y grabados; las personas seremos ciudadanos de segunda. Son esos cuatro millares de volúmenes y el centenar de lienzos y cartulinas estampadas lo que debe constituir la razón primordial del diseño que le he encargado. Usted subordinará la comodidad, la seguridad y la holgura de los humanos a las de aquellos objetos. [...] Mario Vargas Llosa (1936) Confío en que no tome lo que acaba de l...

“El retorno maléfico”, de Ramón López Velarde

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Ramón López Velarde (1888-1921) A D. Ignacio I. Gastélum Mejor será no regresar al pueblo, al edén subvertido que se calla en la mutilación de la metralla. Hasta los fresnos mancos, los dignatarios de cúpula oronda, han de rodar las quejas de la torre acribillada en los vientos de fronda. Y la fusilería grabó en la cal de todas las paredes de la aldea espectral, negros y aciagos mapas, porque en ellos leyese el hijo pródigo al volver a su umbral en un anochecer de maleficio, a la luz de petróleo de una mecha su esperanza deshecha. Cuando la tosca llave enmohecida tuerza la chirriante cerradura, en la añeja clausura del zaguán, los dos púdicos medallones de yeso, entornando los párpados narcóticos, se mirarán y se dirán: «¿Qué es eso?» Y yo entraré con pies advenedizos hasta el patio agorero en que hay un brocal ensimismado, con un cubo de cuero goteando su gota categórica como un estribillo plañidero. Si el sol inexorable, alegre y tónico, hace hervir...

"42", Los demonios y los días, de Rubén Bonifaz Nuño

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Desde la tristeza que se desploma, Rubén Bonifaz Nuño (1923) desde mi dolor que me cansa, desde mi oficina, desde mi cuarto revuelto, desde mis cobijas de hombre solo, desde este papel, tiendo la mano. Ya no puedo ser solamente el que dice adiós, el que vive de separaciones tan desnudas que ya ni siquiera la esperanza dejan de un regreso; el que en un libro desviste y aprende y enseña la misma pobreza, hoja por hoja. Estoy escribiendo para que todos puedan conocer mi domicilio, por si alguno quiere contestarme. Escribo mi carta para decirles que esto es lo que pasa: estamos enfermos del tiempo, del aire mismo, de la pesadumbre que respiramos, de la soledad que se nos impone. Yo sólo pretendo hablar con alguien, decir y escuchar. No es gran cosa. Con gentes distintas en apariencia camino, trabajo todos los días; y no me saludo con nadie: temo. Entiendo que no debe ser, que acaso hay quien, sin saberlo, me necesita. Yo lo necesito también. Ahora lo d...

"11, IV. Jardín de niños", Desde entonces, José Emilio Pacheco

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José Emilio Pacheco (1939) S i nada sobra, nada falta: hay comida, tienes techo, ropa limpia, cuadernos de dibujo, libros, juguetes. Por un azar incomprensible te tocó en suerte nacer del otro lado de la muralla, en los márgenes. Pero de cualquier modo no te moja la lluvia no sufres hambre, cuando te enfermas hay un médico; eres querido y te esperaron en el mundo. Son muchos los privilegios que te cercan y das por descontados. Sería imposible pensar que otros no los tienen. Y un día te sale al paso la miseria. La observas y no puedes creer que existan niños sin pan, sin ropa, sin cuadernos, sin padre. Te vuelves y preguntas por qué hay pobres. Descubres que está mal hecho el mundo.

"Obra maestra", Ramón López Velarde

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Ramón López Velarde (1888- 1921) E l tigre medirá un metro. Su jaula tendrá algo más de un metro cuadrado. La fiera no se da punto de reposo. Judío errante sobre sí mismo, describe el signo del infinito con tan maquinal fatalidad que su cola, a fuerza de golpear contra los barrotes, sangra de un solo sitio. El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad. No retrocede ni avanza. Para avanzar, necesita ser padre. Y la paternidad asusta porque sus responsabilidades son eternas. Con un hijo, yo perdería la paz para siempre. No es que yo quiera dirimir esta cuestión con orgullos o necias pretensiones. ¿Quién enmendará la plana de la fecundidad? Al tomar el lápiz me ha hecho temblar el riesgo del sacrilegio, por más que mis conclusiones se derivan, precisamente, de lo que en mí pueda haber de clemencia, de justicia, de vocación al ideal y hasta de cobardía. Espero que mi humildad no sea ficticia, como no lo es mi miedo al dar a la vida un so...

"Testamento", Silvio Rodrígez

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Como la muerte anda en secreto, y no se sabe qué mañana, Silvio Rodríguez (1946)              http://www.youtube.com/watch?v=KtQwQak6f20 yo voy a hacer mi testamento, a repartir lo que me falta, pues lo que tuve ya está hecho, ya está abrigado, ya está en casa. Yo voy a hacer mi testamento para cerrar cuentas soñadas. Le debo una canción a la sonrisa, a la sonrisa de manantial, ésa que salta: le debo una canción a toda prisa para que quede que estuvo cerca, agazapada. Le debo una canción a lo que supe, a lo que supe y no pudo ser más que silencio: le debo una canción, una que ocupe, la cantidad de mordazamor de un juramento. Les debo una canción a los pecados, a los pecados que no gasté, los que no pude: les debo una canción, no como hermano, sólo de sal que el delectador también alude. Le debo una canción a la mentira, a la mentira pequeña, frágil, casi salva: le debo una canción endurecida, ...

"Poema interrumpido", de Salvador Novo

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Soy un viajero en el tiempo: Tardé en llegar a este momento 32 años.  Aún ahora al escribir, estoy haciendo una cosa diferente. Me dije: tengo que escribir un hondo poema y he de expresar en él todo el dolor que sufro ante la evidencia de que envejezco. He de mojarlo en estas lágrimas de los ojos que ven sin esperanza que la vida da bellos frutos y van luego al espejo a contemplar una falsa sonrisa y un cuerpo torpe y sin gracia. Estos ojos que aprisionan unos cristales que se fatigan enjaulados en las líneas de los libros. Esta boca amarga de humo y de mentira que se marchita sola, sedienta. Estas manos que cogen lápices, que estrechan otras pobres manos, que anudan mi corbata y aseguran mi encierro. Un poco de oro cuesta la juventud el mañana a costa del hoyel hoy a costa del ayer la bendición a costa del beso los saludos a costa de la dicha.

"Renuncia ontológica", de Óscar de la Borbolla

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N unca me he sentido orgulloso ni plenamente identificado con la especie animal a la que pertenezco, por lo que ahora, ya harto, renuncio a la posición erecta que sólo ha permitido al hombre destacarse, enseñoreado y victorioso, sobre un montón de cadáveres; renuncio a la facultad racional que sirve para el cálculo y la estrategia de la guerra, y renuncio a la pretendidamente sublime cultura de los hombres: milenios de civilización no nos cambiaron: seguimos siendo los mismos caínes de costumbre, aunque hoy en vez de quijadas usemos misiles. Desde ahora, como no puedo volar andaré a cuatro patas, como no puedo impedir que mi razón siga relacionando hilaré, en protesta, únicamente sueño. Soy el primer ejemplar de una nueva especie ontológica de desertores. Tomado de Filosofía para inconformes . Óscar de la Borbolla es escritor, poeta,  ensayista y profesor de la UNAM.

¡Mi país, oh mi país! (fragmento), de Efraín Huerta

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[...] B uenavista, Nonoalco, Pantaco, Veracruz… todo el país amortajado, todo, todo el país envilecido, todo eso, hermanos míos, ¿no vale mil millones de dólares en préstamo? ¡Gracias, Becerro de oro! ¡Gracias, FBI! ¡Gracias, mil gracias, Dear Mister President! Gracias, honorables banqueros, honestos industriales, generosos monopolistas, dulces especuladores; gracias, laboriosos latifundistas, mil veces gracias, gloriosos vendepatrias, gracias, gente de orden. Demos gracias a todos y rompamos con un coro solemne de gracia y gratitud el silencio espectral que todo lo mancilla. ¡Oh país mexicano, país mío y de nadie! Pobre país de pobres. Pobre país de ricos. ¡Siempre más y más pobres! ¡Siempre menos, es cierto, pero siempre más ricos! Amoroso, anhelado, miserable, opulento, país que no contesta, país de duelo. Un niño que interroga parece un niño muerto. Luego la madre pregunta por su hijo y la respuesta es un mandato de aprehensión. En los periódicos vemos ...

"Amor es amar", de Alí Chumacero

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L legas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía sino un duro sabor de lenta consunción y un saberse dolor desamparado, casi ceniza de tinieblas; llega tu voz a destrozar la noche y asciendes por mi cuerpo como el cálido pulso hacia el latir postrero de quien a solas sabe que un abismo de duelo lo sostiene. Nada había sin ti, ni un sueño transformado en vida, ni la certeza que nos precipita hasta el total saberse consumido; sólo un pavor entre mi noche levantando su voz de precipicio; era una sombra que se destrozaba, incierta en húmedas tinieblas y engañosas palabras destruidas, trocadas en blasfemias que a los ojos ni luz ni sombra daban: era el temor a ser sólo una lágrima. Mas el mundo renace al encontrarte, y la luz es de nuevo ascendiendo hacia el aire la tersa calidez de sus alientos lentamente erigidos; brotan de fuerza y cólera y de un aroma suave como espuma, tal un leve recuerdo que de pronto se hiciera un muro de dureza o manantial de so...

Presencia, Rosario Castellanos.

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Miguel Ángel Granados Chapa (1941- 2011) Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba. Esto que uní alrededor de un ansia, de un dolor, de un recuerdo, desertará buscando el agua, la hoja, la espora original y aun lo inerte y la piedra. Este nudo que fui (inextricable de cólera, traiciones, esperanzas, vislumbres repentinos, abandonos, hambres, gritos de miedo y desamparo y alegría fulgiendo en las tinieblas y palabras y amor y amor y amores) lo cortarán los años. Nadie verá la destrucción. Ninguno recogerá la página inconclusa. Entre el puñado de actos dispersos, aventados al azar, no habrá uno al que pongan aparte como a perla preciosa. Y sin embargo, hermano, amante, hijo, amigo, antepasado, no hay soledad, no hay muerte aunque yo olvide y aunque yo me acabe. Hombre, donde tú estás, donde tú vives permaneceremos todos.