Metáfora poética
Temía lo peor. Las últimas veces la soledad me había acompañado a tomar decisiones extremistas. Temía lo peor ahora. Él me había dado a escoger y yo lo había hecho una vez más. Qué más podía hacer: las oportunidades son las oportunidades. Después de la elección había recorrido un par de lugares recién creados para aclarar la mente y ver con diferente ánimo el resultado de mi elección. Temía que después de tantos días de ser libre, ahora no quisiera compañía. Pero bueno, no se trataba de “querer”, sino de que ya estaba ahí. Y eso de la elección sólo es un decir, pues ni cuenta me di. Como fuera a mi regreso me enfrentaría con ella cara a cara; me reconocería en sus costados; me hallaría en sus ojos llenos de esperanza. El día llegó y me arreglé lo mejor que pude la piel y lo que me quedaba de dorso. Me adorné los cabellos con líquidos corpóreos. Ahí estaba, de pie, jugando con las manos sus cabellos; con la cara llena del goce que produce la vida recién hallada. Mi saludo fue informa...